miércoles, 15 de diciembre de 2010

Maratón de Navidad 2010

A veces las carreras salen como uno las planifica o visualiza y otras veces no tanto. Indudablemente, cada prueba es una oportunidad de aprendizaje, una experiencia más. Desde esa perspectiva, me dispongo a echar el cuento de lo que fue mi participación en el Maratón de Navidad 2010.

La idea era salir a un ritmo cómodo que me permitiría hacer un "negative split", es decir, correr la segunda mitad más rápido que la primera. Nunca he sido rápido y la ruta no se prestaba para un buen tiempo. Así que me conformaba con hacer el largo y, como mencionaba, correr enfocado la segunda mitad.

En los kilómetros iniciales tenía altísimas pulsaciones a un ritmo bastante lento, aún para mí. Como en el kilómetro 3, me comencé a quedar atrás y Mayde siguió al ritmo que se le hizo cómodo. Ya en el kilómetro 5 yo estaba casi unos 4 minutos atrás del tiempo parcial que pudiera haber pensado y eso que estaba todavía en la parte relativamente plana del recorrido. ¿Será que no me he recuperado de la carrera de aventura de hace un par de semanas? No me preocupé mucho ya que siempre me cuesta calentar y me recordaba del mencionado plan inicial: una segunda parte fuerte.

(Foto de Jesús Hulett)

Pasaron los kilómetros lentamente pero sin mucha novedad y en la bajada hacia el retorno principal, km 22, comencé a soltar y apresurar un poco el paso. Sentía un poco de molestias en la rodilla derecha pero, aparte de eso, me sentía con fuerzas. Lamentaba la falta de bebida energética por parte de la organización. Debido a las fallas de la edición del año pasado en cuanto a la hidratación, decidí correr con un termo con agua. Creo que nadie se quedó corto en esta oportunidad, pero si hubiera sabido que iban a incumplir su promesa de poner bebida energética, pues eso es lo que hubiera llevado en el termo.

(Foto de Jesús Hulett)

Las sensaciones eran buenas y ya estaba corriendo cómodamente a un paso unos 30-45 segundos por kilómetro más rápido. En la subida hacia Maripérez, más o menos kilómetro 24 ó 25, se pone más agudo el dolor en la rodilla. Sigo avanzando pero en la bajada hacia La Florida comienzo a modificar la pisada a causa del dolor. Me veo obligado a caminar el resto de la bajada. Me paro para estirar la banda isquiotibial. Camino un poco y troto un poco. 

Conocía bien esa molestia. En 2004, estuve 6 meses en fisioterapia por causa de una molestia igual, pero en la pierna contraria. En aquella oportunidad, el dolor me comenzó un mes antes de una carrera de aventura y durante ese evento me dio apenas a las 2-3 horas y seguí inútilmente hasta donde pude aguantar durante unas 48 horas en total. 

Sabía que tenía que pararme ahora y no correr el riesgo de empeorar el asunto. Había tomado la decisión de abandonar en el kilómetro 29 porque de ahí tomaría un desvío y tendría que caminar unos dos kilómetros bajada hacia la zona de meta. Ni modo, pensaba, ya habrá otras oportunidades.

Sin embargo, justo en ese punto había una ambulancia y opté por pedir algún tipo de antiinflamatorio para aminorar el dolor. Se demoraron tanto en preguntarse entre ellos mismos si había, luego entre varios tratar de conseguirlo, para después anotar mis datos y finalmente entregarme la pastillita, que ya cuando me la dieron había cambiado de parecer. Tomé la mala decisión de seguir adelante y completar los últimos 13 kilómetros que faltaban.  No sé qué tipo de lógica cruzó mi mente, pero me decía que era mejor correr lo que faltaba de trecho de carrera que bajar directamente desde la Castellana hasta Plaza Altamira a pie. En fin, por las características de esta lesión, ya el daño estaba hecho. Lo extraño fue que no hubo ningún indicio de esta lesión durante los entrenamientos aunque sí tenía otras molestias y ésta, estoy seguro, fue producto de compensación y sobrecarga de otras áreas.

Un par de minutos después me conseguí a unos amigos ciclistas y me ofrecieron una botella de Gatorade. Seguí caminando un poco y corriendo otro hasta llegar al final de la subida más fuerte de la segunda mitad. Decidí ahora correr lo que faltaba. Así fueron pasando los kilómetros, tal vez me estaba haciendo efecto el Diclofenac o me estaba acostumbrando al dolor. 

A salir de la Cota Mil, kilómetro 35 ó 36, traté nuevamente de hacer un mejor esfuerzo para la última parte y salir de eso, pero ya por el kilómetro 40, con la meta prácticamente a la vista, no daba más. No me sentía excesivamente fatigado, lo normal después de tantas horas a pie, pero cada pasito pasaba factura: dolor agudo en el costado exterior de la rodilla derecha. Me acompañaron Ligi y Guillermo en bici y ayudaron con el tráfico y los ánimos.

Para el último kilómetro también se nos unió a pie Gilberto y con ese combo hice el último km. Me daba un poquito de pena no poder responder a todos los ánimos que me daban. No me sentía extremadamente cansado, pero el paso era fatal, como 7 u 8 min/km.

Faltando pocos metros, decidí, no sé si como agradecimiento a los que me acompañaron en ese último trecho o sencillamente para terminar de una buena vez con ese asunto, apretar el paso. Cerca de la meta estaba otro corredor dando las últimas zancadas y, bueno, me dispuse a tratar de alcanzarlo. Creo que no le llegué finalmente. Luego me sentí un poco mal por posiblemente, y de forma un tanto egoista e innecesaria, arruinarle su cruce de meta.

(Foto cortesía de Sigfredo Rodríguez)

Mayde había llegado hace más de 20 minutos. Fue una carrera consistente y un buen cierre de temporada para ella. Luego me contaría que le tocó lidiar con calambres.


Sobre el evento, debo admitir que hay mejoras con respecto al año pasado. No faltó el agua y mejoró un poco, aunque falta mucho todavía, el control del tráfico. Sin embargo, me parece grave la falta de bebidas isotónicas, más aún cuando la organización había dicho específicamente en qué puntos y con qué frecuencia estarían disponibles.

Por mi lado, no me queda más que seguir el protocolo de recuperación para esta lesión y retomar las andadas a pie en enero, tal vez salir en bici un poco cuando baje la inflamación. Conozco bien esta lesión y, en teoría, sé lo que tengo que hacer para recuparme: paciencia, estiramientos y fortalecimiento. Vamos a ver cómo evoluciona el asunto.

Aprendizajes quedan muchos. Pienso que la lesión se debe a que no he entrenado como debe ser para esta distancia sobre asfalto, pero especialmente a que no he hecho el trabajo de fortalecimiento al que estoy acostumbrado. Al no tener metas cerca, no he estado entrenando como debe ser y ya se están agotando las rentas del fondo de los últimos años. Quedará descansar, recuperar y volver al ruedo con nuevas metas.

Nos vemos en el cerro.

Félix

3 comentarios:

Ligiana dijo...

No me gusta el enfoque que le das. Terminar un 42K siempre es un logro!!! Y más aún con ese dolor!... Te felicito Félix! Demostraste constancia y voluntad una vez más!

Félix dijo...

¡Gracias, Ligi!

Osvaldo dijo...

Disfruto mucho de competir en distintas maratones, y por eso cada semana suelo correr de 10 km en la ciudad. Hay veces que logre viajar a países del continente para competir en pruebas destacadas del país. Logre conseguir Pasajes a Chile para disfrutar de competir en un 42k allí