domingo, 27 de septiembre de 2009

De riesgos y pasiones

Dicen que hay dos tipos de ciclistas: los que se han caído y los que están por caerse. En la bicicleta de montaña, se llega rapidísimo a formar parte del primer grupo y, como insinúa el dicho, es prácticamente inevitable. Este fin de semana, volvimos a salir a rodar en tierrita. Éramos un grupo de 10 personas. Había ciclistas de montaña de muy buen nivel y otros, como nosotros, que retrasaban un poco al grupo. El recorrido estuvo fenomenal y el clima bastante benévolo. Pareciera que hicimos todas las subidas y bajadas de San Antonio de Los Altos, pero ni siquiera cubrimos un 10% de la variedad de recorridos que tiene el Team Pan de Azúcar por aquellos lares.

(En San Antonio de Los Altos)

Lamentablemente, en una de las últimas bajadas, uno de los ciclistas tuvo un percance. Uno de los más diestros del grupo salió volando sobre el manubrio y terminó con fractura de clavícula. Afortunadamente, todos estábamos cerca y pudimos ayudarlo y coordinar para que lo trasladaran rápidamente. En la tarde, nos enteramos de que tenía una triple fractura de clavícula y sería sometido a una operación.


(Se improvisó un cabestrillo con una tripa de bicicleta.)

(Ingenioso portabici humano.)

Por otro lado, esta semana en un foro virtual norteamericano sobre ultramaratones, se relataba lo que sonaba como una novela. El día domingo, a tempranas horas de la mañana, salieron dos experimentados corredores a entrenar. Dejaron uno de sus carros en un centro comercial, que iba a ser el área por la que pensaban salir, y estacionaron el otro justo en una de las entradas a la montaña. Gina había recientemente ganado una carrera de 100 millas en San Diego, California y solía salir a entrenar largo con su cuñado, Fidel. Ese caluroso domingo iban a explorar una ruta poco frecuentada. Sus familiares están acostumbrados a que, como todos los que entrenan para los ultras, se vayan por horas y hasta por días enteros a entrenar. Por eso, no fue sino hasta el día lunes en la mañana que el esposo de Gina comenzó a preocuparse. Al enterarse de que Fidel tampoco aparecía, acudió a las autoridades.

(Descripciones de los desaparecidos. Fuente: OC Register.)

Comenzó una búsqueda en la que abundaban motivos de preocupación. El área es conocida por sus sembradíos clandestinos de drogas, mantenidos por las violentas pandillas de esa región de California. El fuerte calor era otro factor agravante. Los perros rastreadores fueron desincorporados de la búsqueda ya que su olfato no abarca distancias tan largas ni se mantiene enfocado por un tiempo tan prolongado. Ubican los dos vehículos de los corredores con sus pertenencias y teléfonos celulares y se discute sobre los posibles rumbos que pudieran haber tomado los corredores. La zona es sumamente complicada e imposible de penetrar en vehículos terrestres. Conforme pasan los días, aumenta la ansiedad. Se trata de dos curtidísimos atletas de largo aliento que están ampliamente familiarizados con las situaciones que se presentan en la montaña. Se temía lo peor.


(Varios ultrafondistas se unen a la búsqueda. Fuente: OC Register.)

El día miércoles en la mañana, un empleado de una granja de la localidad se topa con un hombre visiblemente desorientado, pero sin lesiones aparentes, deambulando por la zona. Para sorpresa del trabajador, lo primero que hace es preguntarle si ha visto a Gina, su compañera. Inmediatamente, el obrero lo lleva hasta donde estaban las autoridades y, sin mucho titubeo y después de un breve chequeo médico, lo trasladan directamente al destacamento. Ha aparecido Fidel, pero sin su cuñada.

(Aparece uno de los dos corredores. Fuente: OC Register.)

Transcurren las horas y no hay noticias de Gina. Surgen todo tipo de especulaciones. Fidel es interrogado por funcionarios del departamento de homicidios, ya que en EE.UU. estos manejan todos los casos de personas adultas desaparecidas. Con la información que éste les brinda, reorientan la búsqueda. Finalmente, en horas de la tarde, un helicóptero logra divisar a alguien con las mismas características que Gina. Por las complicaciones de su ubicación, en un área tremendamente vertical que conduce hacia una quebrada seca, se demoran bastante en rescatarla por vía aérea.

Después de cuatro días sin agua ni comida, Gina se encuentra en condición estable pero fuertemente deshidratada. En el hospital, se reencuentra con su esposo. Todo indica que se recuperará sin problema alguno.

Resulta que ese domingo habían salido a probar una ruta distinta. Lo primero que les sorprende es lo complicado del terreno. Conforme se iban adentrando, se les ponía más difícil el asunto. El calor estaba fortísimo. Se les acaba el agua. Fidel comienza a vomitar y Gina pasa adelante. Mientras trataban de ubicar alguna fuente natural de agua, accidentalmente se separan. Ambos se metieron en problemas, especialmente Gina, quien terminó descendiendo a un sitio del que no pudo salir, a pesar de su amplia experiencia y grandes condiciones físicas. Fue en ese mismo lugar donde finalmente la rescataron el miércoles por la tarde. No se habían llevado los teléfonos celulares por la falta de cobertura en esa área.

Los que practicamos estas actividades al aire libre sentimos que, al hacerlas, estamos en contacto con la naturaleza. Conforme uno va ganando mayores condiciones y aptitudes también se gana confianza; se aumentan las distancias, las velocidades, dificultades, etc. Pero esto que nos apasiona no está libre de riesgos. A veces nosotros mismos desafiamos esos riesgos y, en otros casos, no nos queda otra que lidiar con los caprichos de la naturaleza. Los riesgos siempre estarán presentes, como en todo aspecto de la vida. Dicen por ahí que no son los golpes que uno lleva los que definen el carácter sino cómo uno reacciona ante ellos.

Nuestro amigo Ferreira salió bien de su operación, aunque con una plancha y ocho tornillos, y no dudo que en poco tiempo regrese a las andanzas. En otras latitudes, los medios de comunicación le preguntaron a Gina, quien se recupera en un hospital, si volvería a correr y, con bastante determinación, contestó: “Por supuesto; es mi pasión.”

(Gina y su esposo. Fuente: ABC News)

Félix

lunes, 21 de septiembre de 2009

Semana 1: Entrenamiento para 42km de Caracas

Lunes: Pues, arranca el plan. Vamos a ver cómo sale el asunto. Hoy = Descanso. No sé de qué descanso tanto, pero igual no desperdicio la oportunidad para reencontrarme con viejos amigos que ahora, supuestamente, son enemigos (la tele, las birritas, el buen vino, el chocolate oscuro, etc.).



(¿8 madeleines? Ya con una tengo las manos full.)

Martes: A correr. Calentamiento de 10 minutos y luego 5 repeticiones de 1 kilómetro a paso de 10 km con 400 m de recuperación. No estuvo tan mal el asunto, pero siento que estoy haciendo trampa con los ritmos; están un poco cómodos para las series. Voy a esperar un par de semanas, evaluar cómo reacciono y veo si los ajusto. De vuelta al gimnasio para hacer lo que llaman adaptación anatómica, pero me siento más bien desadaptado y anti-anatómico. Insisto, los corredores somos extraterrestres en el gym y, para colmo, no me cambié de zapatos y llené todo el sitio de tierra. Me miran como bicho raro. Hay que analizar si vale la pena hacer las sesiones de fortalecimiento el mismo día que corremos. Me inclino a pensar que sí, ya que en los días intermedios (miércoles y viernes) quiero recuperarme bien para rendir en las sesiones del Plan F.I.R.S.T. para los 42km.


Miércoles: ¿A quién engaño diciendo que los ritmos de ayer fueron "cómodos"? Salgo en la gorda, pero totalmente de paseo. Sólo aprieto el paso un poco cuando unos chamitos en El Hatillo en bicicletas de cross casi me pasan. Tengo ganas de rodar en tierra. Parece que sí está abierto el circuito de montañeras de San Luis. La semana que viene como que me paso por esos lares.


(Recuerdo de Ginebra)

Jueves: 1,5 km de calentamiento, después 7 kilómetros a un paso de 10 segundos/km por debajo del paso de media maratón y, finalmente, otros 1,5 kilomentos de enfriamiento. Buenas sensaciones, salvo por los últimos dos kilómetros, que se me hacen interminables y bajo inevitablemente el paso. De todas formas, el promedio me da unos 5 segundos por kilómetro menos que el ritmo planteado; debe ser que arranqué muy rápido.


Viernes: Me acosté tarde poniéndome al día con el trabajo. Me despierto y digo que sacaré la bici al mediodía. Llega la noche y el único ejercicio que he hecho ha sido el de los dedos con el teclado. Creo que, por primera vez en mucho tiempo, se me olvidó entrenar. No es hasta que llega Mayde en la noche que me doy cuenta. Ni modo. Todavía no debe ser tan importante perderme uno que otro entreno, pienso. También pienso en comprarme un pote de Nutella, pero para mí solo. Me extraña porque no suelo ser egoista, aunque sí glotón. Es triste que lo que me frene es lo caro que está la Nutella y no el hecho de que soy "atleta".


(Est-ce que La Guaira est loin d'ici?)


Sábado: Vamos a sustituir el largo del plan de hoy con una carrera suave por montaña mejor. Nos fuimos con Jesús Hulett a hacer la primera parte del recorrido de la carrera Hebraica. Es bueno revivir los momentos y compartir las experiencias del Mont Blanc y oir una opinión distinta. Cortamos un poco la parte final del recorrido, pero no los cuentos. Por ahí vendrá la esperada crónica de su carrera en su blog. En la noche, hicimos nuestra propia versión de la ruta del vino con amigos. ¡Tocará sudar el alcohol mañana en la bici!


Domingo: ¡Tierrita! Salimos un grupito a rodar por ahí. ¡Cómo me hacía falta! Mayde no rodaba en tierra desde febrero de 2008, cuando hizo su última carrera en mountain bike. Yo no ensuciaba los cauchos desde aquel episodio en agosto del año pasado cuando me atropellaron al día siguiente de una válida de MTB. Disfrutamos enormemente el paseíto y es alentador que no hemos perdido las condiciones por completo, aunque si nos pusiéramos a competir ahorita en MTB posiblemente pasaríamos trabajo. Sigo pensando en la Nutella. Afortunadamente, nos tomamos unas cervezitas y me distraigo un poco.

(For those about to rock, we salute you!)

Lunes, nuevamente: Ojalá llegue el fin de semana pronto para agarrar tierrita con la montañera un rato otra vez. Lo haría hoy pero me duelen las posaderas, tal cual como un principiante. Hoy es día de actualización del blog, pero estoy disperso. Mejor no lo hago; no tengo ni la menor idea sobre qué voy a escribir.

Félix

jueves, 17 de septiembre de 2009

Plan de entrenamiento para el Maratón de Caracas 2009

Todavía anonadados por la experiencia en el Mont Blanc y el resto de los días que pasamos en Europa, nos cuesta bastante regresar a lo cotidiano. En cuanto a nuestro "plan de vida", un proceso que iniciamos hace más de tres años, no nos queda otra que seguir esperando. No entraré en detalle; basta decir que quedamos en el limbo y salir o no de esa situación no depende directamente de nosotros. Es hora de que surjan nuevas ideas y nuevas metas. Pero suficiente de lo personal, profesional y académico. El tema del blog es otro y, con ello presente, dejaré de divagar.
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¡Buenas noticias! Parece que finalmente se pauta una fecha para el Maratón de Caracas de este año. Afortunadamente, ya la planificación no depende de quien lo venía organizando ni cayó en manos de organismos gubernamentales. Aparentemente, le toca a una empresa especializada en eventos artísticos, la cual espero que esté muy bien asesorada sobre materia deportiva para evitar los errores del pasado. Se llamará Maratón Navidad 2009 y será el 13 de diciembre.

La ruta estará durísima, con abundantes desniveles, pero dejará de ser un circuito de dos vueltas y pasará a ser una ruta de punta a punta, aunque presumo que por cuestiones políticas no pasará por algunos municipios claves de la ciudad. La información más o menos completa, no por falta de precisión del autor sino por falta difusión por parte de la nueva organizadora, está en el siguiente blog: http://tinyurl.com/ntxcsr
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A pesar de que varias veces hemos corrido más de 42km en entrenamiento, será nuestro primer maratón oficial. Pareciera ilógico sentir ansiedad por una carrera de este tipo al haber hecho cuestiones más largas, pero ambos estamos un poco asustados. En mi caso, he intentado entrenar para maratones en 2 ocasiones previas y en ambas he salido lesionado y he tenido que abandonar esos planes; pareciera que me cuesta adaptarme a los trabajos de velocidad.
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Parte de la idea de participar en esta prueba es mantenernos activos y entrenados durante los meses venideros, intentar ganar algo de velocidad y evitar saturarnos de nuestras limitadas rutas de entrenamiento. La preparación específica para la UTMB de 2010 no comenzará hasta inicios del año próximo.
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Nuevamente, como en los ultramaratones, creo en aquel enunciado de que no hay que estar loco sino más bien listo y dispuesto. Seguiremos los principios del plan F.I.R.S.T. (Furman Institute of Running and Scientific Training), que básicamente contempla correr tres días a la semana y dos o tres días de entrenamiento cruzado. Sin embargo, le haremos algunos ajustes. Los ritmos de este plan se basan en los tiempos de la última carrera de 10k ó 5k, pero vamos a utilizar tiempos un poco más conservadores inicialmente, ya que seguimos recuperándonos de la CCC, y luego los ajustaremos si es necesario. Tiene una tabla interesantísima en la que se pueden calcular los distintos ritmos para cada distancia, serie o intervalo.

El primer día clave comprende trabajos de repeticiones que varían desde series de 200 mt hasta 3200 mt. Por la aversión que le tengo a las pistas y para evitar la monotonía, nos apoyaremos bastante con el Garmin Forerunner 405, en el que se pueden programar las distintas series, bien sea por tiempo o distancia (GPS), y sus respectivos intervalos de descanso. No hará falta ir a la pista.

El segundo día clave consiste en trabajos de "tempo" o un ritmo más o menos cercano al paso que se llevaría en una carrera de 21 km. El plan prevé tres tipos de tempo, cada uno con su respectivo ritmo: el corto (5 km o menos), el medio (6 a 9 km) y el largo (10 a 13 km).

Para el tercer entrenamiento clave se tiene prevista la carrera larga; la mayor distancia a recorrer antes de la prueba es de 32 km en un par de ocasiones. Lo interesante de la carrera larga es el ritmo que el plan exige. El paso más lento para estos largos es el paso deseado para el maratón (en minutos por kilómetro) más 28 segundos por kilómetro, mientras que el más rápido es justamente el paso que se desea mantener el día de la prueba. ¡Es decir, ninguno de los días prevé las acostumbradas y reconfortantes "junk miles"!

Es un plan bastante ambicioso, pero no esclavizante. Si bien los días que toca correr habrá que hacerlo de manera bien enfocada, se dejaría un día de por medio en el que se haría entrenamiento cruzado, preferiblemente en la bici. También vamos a mantener nuestra rutina de fortalecimiento dos veces a la semana. Como he comentado, no estamos acostumbrados a correr a estos ritmos tan exigentes y nos da más miedo salir a hacer 30 minutos de series que correr un largo de 5 horas o más por la montaña.

Por otra parte, se va a celebrar la Carrera Hebraica de Montaña el 1ero de noviembre en El Ávila y es una oportunidad que no podemos dejar pasar. En las dos ediciones en las que he participado, he pasado bastante trabajo y no he bajado de las cuatro horas, así que espero hacer una buena carrera esta vez.

Para poder colear esta carrera dentro del plan para el maratón, hemos decidido mantener los entrenamientos entre semana iguales, pero hacer en la montaña por lo menos 4 de los largos que tocaban en el FIRST, justamente en segmentos de la ruta de la Hebraica. Trataríamos de mantener más o menos la misma intensidad y tiempo que prevé el plan para el maratón. Culminada esa prueba, las seis semanas restantes serán dedicadas exclusivamente a la preparación de los 42 km.

Lo bueno de todo esto es que vamos a tener bastante tiempo libre los fines de semana y, aunque no vamos a abandonar la montaña del todo, vamos a llegar con ganas de volver a lo nuestro una vez culminado el maratón. En papel, o más bien aquí en el blog, pareciera tener sentido. En todo caso, no dudo que esta incursión en el asfalto nos traiga beneficios para cuando arranquemos los entrenamientos para el Ultra Trail du Mont Blanc del año que viene. No veo mayor complicación en seguir este nuevo plan de forma exitosa. Si tan sólo nuestro otro plan, aquel "de vida" que vagamente mencioné, fluyera de igual manera.

Félix

martes, 8 de septiembre de 2009

Courmayeur-Champex-Chamonix (CCC), 98 km

Me desperté a mitad de noche, con las imágenes en la mente de ambos atravesando la ruta de la carrera, sintiéndonos fuertes durante el recorrido y culminando finalmente la carrera. Sentí alivio de haber ya salido de eso. No ha sido fácil para nosotros. Las lesiones nos habían prevenido entrenar bien. De hecho, Mayde seguía lesionada para la fecha. Pero habíamos culminado. Perdido entre tantas ideas, borrosamente me voy dando cuenta de que había estado soñando. Al lado del despertador, que marcaba como las 4am, estaban el morral y demás implementos que usaríamos en un par de días en la carrera real y no en la de mis sueños. Como dicen por ahí, la alegría del pobre dura poco y, en este caso, me tocó intentar seguir durmiendo y dejar que se esfumara aquel infundado sentimiento de alivio.
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Llega el día de la prueba y tempranito cruzamos en autobús desde Chamonix, Francia a Courmayeur, Italia. Caminamos por el pintoresco pueblo. Abundan las emociones mientras caminamos al sitio de salida; al fondo suena Vangelis a todo dar. El reto era salir de Italia, pasar por Suiza y llegar a Francia, a lo largo de 98 kilómetros con un desnivel positivo de 5.600 metros y un tiempo límite de 26 horas.
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Ya en la línea de partida, nos ubicamos más o menos a mitad del pelotón. Habíamos hecho algunos cambios debido a las trilladamente citadas circunstancias. Mayde llevaría estrictamente el material obligatorio más alguito de comida y yo llevaría el resto de los implementos, además de mi propio material, todo en un morral comprado tres días antes de la carrera. Sabía bien que esos cambios de última hora pudieran resultar negativos, pero pensaba que no teníamos otra opción.
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Suena el himno de Italia, aunque predomina el idioma francés entre los participantes y los lugareños, y se da la partida. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Parece ayer cuando arranqué con el blog. Hace nada estábamos en las Islas Canarias en nuestro primer ultra y ahora ya nos enfrentábamos a 98 km en el Mont Blanc. Si terminábamos ésta, clasificábamos para la UTMB de 166km en 2010.
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La estrategia era ir cómodos hasta Champex, kilómetro 55, y de ahí tratar de dejar el resto, aunque la reacción del tobillo sentido de Mayde pudiera hacer que todo cambiara. Arrancamos e inmediatamente siento la diferencia en el peso del morral. Aunque dudo que pesara más de 5 ó 6 kilos, era un peso totalmente distinto al que había llevado en los entrenamientos. Se me hacía difícil correr a buen paso. Las pulsaciones se me pusieron en 180 latidos por minuto, un registro que sólo aguanto por unos 5 ó 10 kilómetros. Llegué a pensar que era el pulsómetro que no estaba registrando bien. Decidí mantener ese esfuerzo, sobre todo por el hecho de que no íbamos rápido y quería aprovechar todos los planos porque no sabía cómo Mayde iba a poder bajar. La bajada era donde más le fastidiaba su lesión.
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Nunca nos separamos del grupo. Incluso, hubo momentos en que nos deteníamos del todo debido al gran número de participantes en los a veces estrechos senderos. Las pulsaciones no bajaban y empezaba a sentirme cansado. Mayde iba a buen paso y yo sólo pensaba que tendría que aguantar el ritmo hasta alguna bajada y de ahí sabríamos a qué atenernos.





Pasamos el Refugio Bertone y optamos por seguir de largo. Mantenemos un ritmo constante, pero lento, en la subida y nos pasan varios corredores. Llegamos al Refugio Bonatti pasadas las 4 horas. No me sentía bien. De hecho, iba forzado y lento. En este punto, nos demoramos muchísimo, en parte por el gentío que había y por la falta de organización entre nosotros mismos.



En la bajada hacia Arnuva era difícil pasar, así que no avanzamos mucho ni pudimos probar bien la reacción de la lesión de Mayde. Sin embargo, bajé sintiéndome un poco desorientado. Salimos de Arnuva hacia el Grand Col Ferret, a 2.537 m.s.n.m. era el punto más alto de la carrera. El calor estaba fortísimo. Nunca pensé que eso, a un caribeño en Los Alpes, me molestara también. En la subida, francamente me descompensé. Comencé a bajar el paso aún más. Sentía como indigestión y mareos. Estaba extrañado porque en los entrenamientos nunca llegué a sentirme mal y hoy padecía de todo. Me paré en esta subida unas 5 veces, en algunas oportunidades para intentar vomitar y en otras porque simplemente no daba más. Mayde se ubicó detrás de mí y me cuenta después que yo iba tambaleando de un lado a otro. Yo sólo pensaba en todo cliché o mantra que pudiera ayudarme: "Un pié trás el otro", "Paso a paso", "El dolor es temporal..." y otras pendejadas; veía el paisaje para tratar de distraerme. Cualquier cosa. En fin, apretaba los dientes y seguía avanzando como podía.
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Finalmente, llegamos a la cima y me senté. Arribamos casi hora y media después del tiempo parcial que tenía previsto y no teníamos ya mucho margen. Los tiempos de corte se nos venían encima. Por suerte, este lado de la montaña no estaba tan expuesto al sol. Comenzamos a bajar y empecé a sentirme mejor. Veía que Mayde descendía con bastante soltura y me entusiasmé. Recuperamos bastante tiempo en este tramo.
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Llegamos a la Fouly como a las 9 horas de carrera. Lamentablemente, aquí cambiaron un poco los papeles. Mayde se comenzó a sentir un poco mal. Nos tomamos un tiempo para recuperarnos y comer bien antes de salir. Yo no podía creer que estuviera tan repuesto después de haber tocado fondo. Al salir de este control, me topé con un argentino bastante simpático que me pasó en aquella subida donde venía mal (G.C. Ferret) y me dijo, entre risas, que me daba por muerto. ¡Pues había resuscitado!


(Entre gnomos y enanos. Las risas se acabaron cuando nos tocó levantarnos luego de posar.)
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Montamos buen paso hacia Champex, ya en Suiza, comimos la famosa pasta, recargamos baterías y nos pusimos rompevientos y guantes. El frío comenzaba a hacer de las suyas. Es posible que la subida hacia Bovine haya sido nuestro mejor momento en carrera. Recuperamos casi 200 puestos en poco más de 2 horas y media.
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El resto de la carrera fue en piloto automático. Hacíamos lo que habíamos entrenado: seguir avanzando a paso constante con las piernas cansadas. Mayde sufría un poco con el estómago, pero no bajaba el paso. Había dejado de comer porque ya no pasaba nada, pero se mantenía con las sopas y bebidas isotónicas que daban en los puntos de control.
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En el control de Trient, kilómetro 70, Mayde pudo divisar que algunos voluntarios estaban bebiendo cerveza. Hastiada de los powergels y las bebidas hidratantes, apuntó hacia la caleta personal que tenía ese grupo de "bénévoles" y, muertos de la risa, le dieron una. Ante la mirada de asombro de un par de competidores y la celebración de los voluntarios, se la bajó en un par de sorbos. ¡Esa es mi chica!
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Salimos de Vallorcine, Francia, un poco antes de las 6 a.m. Nos enfrentaríamos a la última subida, la muy acertadamente denominada Tête aux Vents. Comenzamos y, como había pasado en todas las subidas, se pega un grupo grande atrás. Les ofrezco paso, pero ni me responden. Esa costumbre me tenía ya harto a estas alturas de carrera. A mi parecer, el ambiente entre los corredores es muy distinto en Francia, comparado con lo que vivimos en España y en las carreras locales. En Canarias, en la mayoría de los casos, si pasabas a alguien a buen paso ya avanzada la carrera, te daban ánimo o por lo menos te cedían el paso al oirte cerca. Acá, en la mayoría de los casos, la gente ni te dejaba pasar ni mucho menos te alentaba. Es más, en un sector relativamente plano, bien avanzada la carrera, Mayde y yo optamos por correr. A un competidor francés como que no le gustó mucho que nos sintiéramos bien a esas alturas y me lanzó, sin que quede dudas de la intencionalidad, un codazo. Mayor fue mi sorpresa que la arrechera que agarré. Hubo varias cosas del ambiente entre los mismos corredores que no me agradaron mucho. Si bien no estábamos de turismo, un poco de compañerismo siempre ayuda, sobre todo para los que estamos bien lejos de la punta de la carrera y sólo buscamos terminar dentro del tiempo límite. Los espectadores, por otra parte, fueron increíbles. Todas las comunidades por donde pasa la carrera estaban pendientes del desarrollo de la misma. Familias enteras te ofrecían agua y ánimo a toda hora y en todo lugar poblado de la ruta. Todavía tengo el sonido de las campanas grabado en la mente.


Seguimos ascendiendo y pareciera que andaba con el termostato dañado. Íbamos por una de las partes más frías y yo me quitaba la chaqueta, los guantes, el buff, etc., mientras la mayoría buscaba abrigarse más. Al rato, ya me estaba congelando otra vez. Amaneció y llegamos al final de la última subida, para sólo darnos cuenta de que era una falsa cumbre y que todavía faltaba mucho que subir, como indicaba la fila de corredores que veíamos a lo alto.
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Comenzamos una bajada relativamente técnica que manejamos relativamente bien. Pues, ya a estas alturas, con unas veintitantas horas de carrera encima, todo es relativo. Pasamos de largo el puesto de control de La Flégére, que sería el último, y nos enrumbamos hacia Chamonix. Intento hablar francés con unos españoles que, por su parte, me responden en inglés. Sólo quedaban unos largos 7 km finales hacia la meta, pero se hicieron larguísimos. Bajamos cómodos y sin presionarnos mucho. Estábamos ya bien por encima de los cortes de tiempo; no había nada que ganar y mucho que perder si arriesgábamos. El tobillo de Mayde no molestó durante la carrera y yo estaba sorprendido de que me hubiera podido recuperar tan bien de tan terrible bajón durante el primer tercio de carrera. Pensé, en ese momento, en lo duro que iba a ser culminar la larga (166km) el año que viene y que tendríamos que ejecutar esa carrera sin mucho error, ni en los entrenamientos ni mucho menos el día de la prueba. Pensé en mi amigo Jesús Hulett, quien hacía la ruta completa, e internamente le mandaba los mejores ánimos y la mayor energía (suena cómico que alguien tan incrédulo o escéptico como yo se torne hasta un poco espiritual en momentos así).
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Zigzagueábamos por pinos, raíces y rocas y veíamos el valle de Chamonix cada vez más cerca. Finalmente, tocamos asfalto. Nunca pensé que estuviera entusiasmado por correr en asfalto más que por tierra, pero en este caso, el asfalto connotaba triunfo y culminación. Habíamos domado, por cursi que suene, al dragón de cinco cabezas (Tête de la Tronche, Grand Col Ferret, Bovine, Catogne y Tête aux Vents). Entramos a Chamonix a una hora perfecta, pasadas ya las 10 a.m. Todo el pueblo totalmente volcado a la carrera. Mayde saca la bandera de Venezuela y corremos como unos locos. ¿De dónde nos salieron piernas para correr así? Se oyen las campanadas, los gritos de "¡Allez, allez!"; algún "¡Vamos!" y hasta "¡Viva Venezuela!". Parece una etapa del Tour de France. Un momento inolvidable, lleno de sentimientos indescriptibles.


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Lo logramos. Somos finishers de la CCC. Fueron 24 largas horas. Estamos, en vista de las circunstancias, intactos. Nos reciben nuestros excelentes compañeros de viaje, Francis y Verónica Nanco.

(Mayde con el chaleco de "Finisher")

Optamos por ir al hotel a bañarnos y dormir unas horas para luego volver al área de llegada y ver a Kilian Jornet ganar por segunda vez la UTMB. Todo un caballero, al llegar a la meta se devuelve y da gracias al público y a los voluntarios, antes de pasar nuevamente por ella.

Cae la noche otra vez y nos quedamos para recibir a nuestro compatriota Jesús Zerpa. ¡Llega en el puesto 46 de la UTMB! Todo un fenómeno. Ojalá recibiera más apoyo.

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(Jesús Zerpa de Venezuela llega a la meta entre los primeros 50 de la UTMB)
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Seguimos el progreso del pana Jesús Hulett. Ya viene en camino. Nos juntamos con su familia en la llegada y hasta me tomo un buche de Cacique con ellos. Fue una bella imagen verlo cruzar la meta con su esposa, dos hijos y primos a su costado. No coloco fotos ni videos, ya que se los haré llegar por si los quiere usar en su propio blog.

¡Los cuatro venezolanos que salimos a darnos tablas en el Mont Blanc lo logramos!

(De izquierda a derecha: Jesús Zerpa, Jesús Hulett, yo y Maydelene Ceballos)

Para Mayde y para mí, nos queda un interesante año por delante, tanto en lo personal (nuevos proyectos) como en lo deportivo. En cierta forma, pienso que fue positivo que pasáramos tanta roncha en esta prueba. Nos deja un gran respeto y hasta cierto miedo, dos sentimientos que generan alta motivación, por el reto que tenemos previsto para agosto de 2010: culminar los 166 kilómetros del Ultra Trail du Mont Blanc.
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Félix

jueves, 3 de septiembre de 2009

C.C.C. 98 km...un adelanto

Esta foto en la línea de llegada de la CCC, que significa Courmayeur-Champex-Chamonix pero bien pudiera denominarse "Castigo Corporal Continuo", indica que pudimos terminar la carrera.
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El asunto no se nos dio fácilmente, pero pudimos cruzar la meta, luego de más de 24 horas. Al regresar a Caracas contaré los detalles. Gracias a quienes nos han animado, seguido o de algún modo apoyado. Fue una experiencia increíble y nos dejó grandes aprendizajes.
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Se logró dar un paso más rumbo a nuestro sueño, homónimo de este blog: ¡Ya tenemos los puntos para inscribirnos en la UTMB de 2010!
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Nos vemos pronto en El Ávila.
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Félix
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P.D. Tomo prestada una idea del blog de Mayayo e incluyo un video de la UTMB de este año. Como a los 5:10, se ve al venezolano Jesús Zerpa, quien culminaría la UTMB en el puesto 46. ¡Grande, Jesús!
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