jueves, 29 de enero de 2009

Adidas: "Runners. Yeah, we're different."

Alguien del foro de Caracasrunners envío un vínculo con una serie anuncios publicados hace años por la Adidas. La traducción vaga y coloquialmente dice así: Los corredores. Pues sí, somos distintos.

Éstas son sólo un par de muestras. Encontrarás más anuncios de esta genial serie en: http://www.chayden.net/Runs/Adidas/index.htm . No se los pierdan. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Félix

jueves, 22 de enero de 2009

"Todos tenemos algo de Fantozzi"

De vuelta a la bici, no por deseo de rodar sino por necesidad (en vista del tobillo fregado), me fuí a Los Proceres, donde hace un poco más de seis meses me fracturé la mano para evitar que un carajo, luego de haberme tumbado, como ñapa le pasara por encima a mi bicicleta con el carro.
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Como ciclista de montaña originalmente, siempre he visto rodar en la de ruta como poco más que un mal necesario. Sin embargo, esta rodada, en solitario su mayor parte, me dió una buena oportunidad para pensar un poco ante el aburrimiento de dar vueltas a aquel semióvalo de menos de 1,4 kilómetros.
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De chamo, ví tantas películas que, si bien no las recuerdo del todo claramente, dejaron alguna impresión en mí: Los dioses deben estar locos (que hoy sé que se ha debido llamar "Los dioses deben de estar locos" puesto que es una suposición), Fantasía, El resplandor, ¿Dónde está el piloto? y Fantozzi, entre otras.
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Me recordé en esta rodada de la última mencionada. De hecho, me acordé vagamente de la escena de Fantozzi en la que ese desafortunado personaje participa en una carrera de bici. Me reí al pensar que, pase lo que pase, tan mal no pudiera irme en la Transgrancanaria.
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Al no ser una película gringa, dudé que consiguiera alguna info o escena de la misma, pero nunca hay que subestimar el alcance de la internet y, en este caso, de YouTube.
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Así que aquí está esa escena. No hace falta saber mucho italiano para disfrutarla.
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Félix

domingo, 18 de enero de 2009

Semanas 7 y 8

Semana 7: Regresamos a Caracas, sin saber si habíamos sub o sobreentrenado. El hecho es que no nos sentíamos del todo bien. Corrimos un par de veces en el Parque del Este antes del fin de semana y todo pareció estar en su lugar nuevamente.

Llega el fin de semana y salimos a correr unos cuarenta y tantos kilómetros en el Cortafuego. No había nada interesante en la casa para un desayuno preentrenamiento, así que decidimos comernos unos cachitos antes de arrancar. Mala idea.

Ya en la subida al Cortafuego mi estomago me daba señales de que no iba a ser un buen día. Incómodamente corrí hasta alcanzar los 15km, pero en ese momento ya los cachitos se habían cansado de no ser digeridos. Como pude, hice unos 6km más, repitiéndo el episodio vomitivo un par de veces más. Al llegar al punto más o menos de la media maratón, Mayde me indicó que estaba pálido. Sin fuerzas y considerando que más daño haría siguiendo así que parándome, nos fuimos. El trabajo del día quedaría inconcluso.

El domingo desperté con ánimos de reinvindicarme. Lamentablemente, Mayde amaneció mal. Tenía fiebre y dolor de garganta. Le salía descanso obligado. Habíamos decidido que correríamos la Transgrancanaria con los bastones de trekking y era hora de ponerlos a prueba. Medio pensé en una ruta con algo de desnivel y salí.


(La Castellana-Cortafuego-Loma del Cuño-Papelón-Los Venados-Pica Los Pinabetes-Hotel Humboldt-Papelón-Los Naranjitos-Matamoros-La Castellana)


Por falta de creatividad o por algo de morbosidad, bauticé la ruta "El Sostén", pues eso fue lo que ví en la gráfica de Google Earth. Me parece que usar los bastones para una carrera de unas 24 horas no es algo que se decide el mismo día de la carrera. Como todo, hay que entrenar con ellos. Si bien se gana estabilidad, ritmo y fuerza, tanto en subida como bajada, también se ejercita fuertemente la parte superior del cuerpo. Tocará incorporar ejercicios para tríceps y hombros en el gimnasio en el tiempo que falta para la carrera.

Fue un buen desquite de la sesión involuntariamente abreviada del día anterior, pero sentí que me quedé corto el fin de semana en líneas generales.

Semana 8: Arrancamos el entrenamiento de la semana sintiéndonos fuertes, Mayde ya recuperada y yo bien enfocado en los pormenores de la carrera. El semilargo del día martes fue sin novedades, salvo por las mejoras en el paso general del entrenamiento.

El miércoles salimos a hacer nuestras repeticiones y todo iba bien canalizado. La primera y la segunda fueron al ritmo pautado. Para la tercera y cuarta queríamos aumentar un poco el paso. Salimos a la tercera con mucho ánimo, pero como a unos dos tercios de la repetición, se me fue el tobillo. Esguince por inversión.

¡Qué ladilla! Yo suelo tener tobillos algo débiles y vaya que se me "doblan" constantemente. Me imagino que ya son flexibles y nunca me detengo. En el peor de los casos, camino unos 10-30 segundos y luego sigo. Pero ese día fue un poco distinto. Caminé un poco, pero no lo podía apoyar. Le dí el Garmin a Mayde y le dije que siguiera. El relojito no le iba a decir que terminó la repetición hasta que cubriera la distancia. Seguí cojeando y tratando de trotar un poco. En el intervalo de descanso que indicó el Garmin, me emparejé con Mayde y salimos a hacer la cuarta y última repetición. Terminó siendo la más rápida, pero sin duda alguna la más dolorosa. Al llegar a la casa comencé inmediatamente la recuperación. La gringada del R.I.C.E. (Rest, Ice, Compression and Elevation) siempre me ha funcionado en estos casos. El jueves amanecí con el tobillo inflamado y moreteado. Descanso obligatorio hasta el sábado, ni modo. El viernes en la noche recorrí unas cinco farmacias y no conseguí exactamente la cinta adhesiva que buscaba. Conseguí una menos ancha que tendría que bastar.

El plan del sábado no se perfilaba bien. Como en ocasiones anteriores, me vendé el tobillo tal como aparece en el video; seguí los pasos desde el segundo 00:39 y lo anterior lo obvié.

Arrancamos temprano en el Cortafuego y fuimos comiendo kilómetros sin novedad alguna. Vimos caminantes, excursionistas, corredores, scouts, etc. La gente iba y venía. Pasamos los kilómetros 10, 20 y 30 en buena forma. Otros que aparentemente hicieron 30km, se dieron cuenta de que nosotros seguíamos y una del grupo nos bromeaba: "¿Me pueden decir hasta cuándo piensan seguir?". Fue una tontería, pero entrenando largo, a veces se llega a un estado de deterioro en el que uno se torna bien básico. Esa pequeña jodedera bien intencionada nos animó bastante.

Más o menos en el km 33 comimos un sandwich y caminamos un poco. En el km 38 nos bebimos un Red Bull que habíamos escondido, junto con otras municiones, entre los matorrales. Nunca habíamos entrenado con esa bebida y, bueno, la cuña no miente: nos dió alas. Pasamos los 42km y le anuncié "maratón" a Mayde, pero ni caso me hizo. Estaba tan enfocada que al terminar los 5 cortafuegos, ni pestañeó cuando le pregunté si quería hacer 2k más para completar los 50 kilómetros.

En fin de cuentas, el ritmo fue más rápido que cuando hicimos los 42km en el mismo trazado y nos sentimos cansados, pero enteros al final. Sin saber si nos ibamos a poder parar el día siguiente, nos acostamos temprano aunque ambos con algo de fiebre y, aunque el día de la semana correspondía, no era precisamente la que se conoce como la del sábado por la noche.

Decidí mostrarle a Mayde la ruta que había marcado el domingo pasado y con esa idea salimos. No nos sentíamos tan golpeados como esperabamos. Sin embargo, las rodillas no estaban del todo bien. Hicimos el recorrido fielmente, aunque un poco más lento de lo que lo había hecho yo la semana pasada, hasta llegar a la entrada de la Pica Los Pinabetes. Llevabamos 25 minutos de retraso con respecto al parcial de la última vez y subir vía el Hotel Humboldt iba a significar tener que bajar más a la larga. Las rodillas como que no estaban para eso. Decidimos, sin mucho titubeo, regresarnos por Los Venados hacia Papelón y de ahí hacer la travesía hasta el P.G.P. Chacaíto y luego hacia La Castellana.

Venía la bajada, hora de poner en uso los bastones. Había que proteger las rodillas y los tobillos. Sorprendentemente, montamos un paso fenomenal. En un abrir y cerrar de ojos llegamos al puesto de guardaparques y de ahí la bajada hacia la Cota Mil, siempre en control, estables y con buen ritmo, gracias a los bastones. Llegamos al carro endorfinados y con ganas de seguir corriendo. Usé casi todos los implementos que pretendo llevar a TGC, inclusive me prestaron unas polainas que cumplieron sus funciones a cabalidad. Lo único preocupante fue la lycra. Es la misma que había usado en Mérida durante las 10 horas de caminata en La Culata-Pan de Azúcar. Me imagino que en aquella oportunidad, cierta parte de mi humanidad se retractó por el frío y la lycra no molestó en lo más mínimo. En este entrenamiento, sin embargo, me percaté de que hay una pequeña costura en forma de T que genera un roce irritante, en todo el sentido de la palabra. Puedo correr con dolor muscular, en los tobillos y las rodillas, pero ¡las joyas de la familia se respetan!

Sumando ambos días de entrenamiento, cubrimos casi la distancia de la TGC Sur-Norte y superamos el desnivel positivo de la prueba. Pero lo más importante del asunto es que, finalmente, comenzamos a ver este reto levemente más accesible. Sin embargo, hay que seguir entrenando porque la comodidad es mala consejera en asuntos de esta índole.

Félix

sábado, 10 de enero de 2009

La Culata-Pico Pan de Azúcar

El plato fuerte de la visita a Mérida era el entrenamiento desde La Culata hasta la base del Pan de Azúcar. Una vez ahí nos regresaríamos hasta conseguirnos con nuestros amigos, haríamos cumbre con ellos y luego correríamos todo el regreso. Ese era el plan. Y aunque no todo salió como lo pautamos, el día no dejó de traernos grandes satifacciones.

(Minutos antes de salir, de izq. a derecha: Edwin, Mayde, un peruano y Maury.)

Ya antes de salir, sabíamos que el plan no se cumpliría al pie de la letra. Mayde se sentía mal y, aunque la opción fácil hubiera sido quedarse en la comodidad de la cabaña, ella guapeó y así salimos. A los pocos minutos de partir, ya nuestros amigos, quienes no tenían la más mínima intención de hacer el recorrido corriendo, nos llevaban algo de distancia.



Poco a poco nos fuimos emparejando. Estaba claro, aunque me costaba comprenderlo en ese mismo momento, que no ibamos a correr. Llevabamos tan solo un kilómetro cuando un perro se nos puso al lado, nos miró de pies a cabeza y arrancó a guiarnos sin mayor ceremonia. Lo bautizamos "Terry", nombre que se ganó por su repetida costumbre de ir "marcando" constantemente el territorio.

(Terry, canino alpino.)

Finalmente, corrimos unas bajadas y algunos planos, pero no valía la pena. Yo me sentía bien, pero somos un equipo y hoy se voltearon los papeles y yo estaba levemente más fuerte. Al llegar a la Cascada del Duende, dejé a Mayde un rato y corrí de regreso a buscar a nuestros amigos, quienes no estaban a más de unos 15 minutos atrás.



Una vez todos juntos, descansamos un poco, comimos alguito y comenzamos el corto pero fuerte ascenso a la base. Tanto Mayde como yo pasamos algo de trabajo llegando a la base, la cual se ubica por encima de los 4,000 metros sobre el nivel del mar. El fiel Terry nos acompañó todo el recorrido hasta allá, pero al dejarnos seguros ya en la base, inexplicablemente se desapareció.

Mayde, quien ya había hecho cumbre en enero de 2007, optó por quedarse abajo descansando. Ya bastante había hecho saliendo a caminar sintiéndose como se sentía. Así que arrancamos Edwin, Maury y yo. Supe de inmediato que el ascenso se me iba a hacer largo. La altura me estaba atacando. Arranqué suave con la idea de ganar velocidad conforme nos acercaramos a la cumbre, pero mi paso fue aquel que en alguna entrada anterior mencioné: lento pero despacio.

A petición mía, nos paramos a descansar como a un tercio del camino. Esta foto, perfecta excusa para que mis compañeros me esperen, muestra la falsa cumbre, el bosque de piedras y la cumbre del Pan de Azúcar.


(Edwin Pérez y Maury Montaña, cuyo apellido estoy seguro no puede ser una simple casualidad. A pesar de su poca experiencia, ella estuvo muy fuerte en esta salida.)

Ibamos a la cumbre los tres, pero terminé indicándole a mis amigos el camino. Hicieron cumbre unos 5 a 10 minutos antes que yo. Era mi tercera vez en el pico y fue bien grato compartirlo con ellos. La vista desde la cumbre, a pesar de que el día se presentó sumamente nublado, no dejó de ser impresionante.


(Vista desde la cumbre. 4,680 m.s.n.m.)

Quien haya coronado esta cumbre sabe que no es nada técnica. El noveno pico más alto de nuestro país es más bien accesible y no presenta mayor dificultad, aparte de los efectos de la altura. El descenso es sumamente divertido. Aquí se baja como se puede; vale todo tal como se aprecia en el video.


video


(Descenso poco ortodoxo.)

Fue el último entrenamiento que hicimos en este viaje y, aunque más bien fue tipo paseo, estoy seguro de que unas 10 horas sobre los pies no hacen nada de daño con relación a nuestro objetivo, preparar la Transgrancanaria. Los Asics Trabuco WR 11 que estrenaba se portaron muy bien durante todo el viaje.

Esperamos no estar por estos lares cuando nos toque preparar UTMB, pero si las autoridades migratorias australianas así lo deciden y seguimos aquí, Mérida definitivamente, a pesar de la altura, será el destino en el que haremos nuestros entrenamientos principales para la prueba que da nombre a este blog.
Félix

viernes, 9 de enero de 2009

Laguna Negra, Edo. Mérida

Era el segundo día de entrenamiento en el Páramo de los cuatro que teníamos previstos, la antesala al día más fuerte: La Culata - Pan de Azúcar. Era por ello que teníamos previsto no extender la sesión en demasía.

El plan era sencillo: Correr desde la Laguna de Mucubají hasta la Laguna Negra y regresarnos hasta conseguir a nuestros amigos, quienes vendrían caminando, y luego devolvernos hasta la laguna. Una vez ahí, compartir con ellos un rato antes de salir corriendo nuevamente hasta la Laguna de Los Patos o la Laguna La Victoria y ahí repetir el modus operandi de la ida a la Negra.


(Fotos en Mucubají antes de arrancar.)

A unos 3.600 m.s.n.m, arrancamos para inmediatamente conseguirnos con un camino lleno de turistas y caballos y los desperdicios de ambos que, por suerte, no llegan a opacar la belleza del sitio.



Contrastaba la ruta bastante con la de Mifafí. Era más estrecha, infinitamente más poblada, pero algo más variada a su vez.


(La Laguna Negra al fondo.)

En pocos minutos llegamos a la Laguna Negra. Optamos por seguir hacia la Laguna de Los Patos, pero a los pocos metros decidimos regresarnos y conseguirnos con nuestros amigos en caso de que ellos no estuvieran con ánimos de adentrarse más en la montaña.


Nos cruzamos y, de hecho, no venían tan atrás. Seguimos un poco más hacia nuestro punto de partida original y luego media vuelta otra vez hacia la laguna nuevamente. Efectivamente alguien del grupo sufría molestias en la rodilla. Todos juntos finalmente, caminamos hacia un borde algo menos poblado de la laguna. Ahí estuvimos un buen rato, conversando y tomando fotos. Descartamos la ida a la Laguna de Los Patos y La Victoria. Había que conservar energías para el entrenamiento de mañana.

No descartaría este sitio como lugar de entrenamiento en futuras oportunidades, pero sí me aseguraría de llegar lo más temprano posible para evitar el gentío, especialmente a aquellos que en la región andina denominan "La Tribu" y que, irónicamente, son casi vecinos suyos. También tendría que tomar en cuenta que la ruta hacia la Laguna Negra es la más concurrida para los paseos a caballo. Sin embargo, no deja de ser un buen sitio para una caminata de aclimatación.

Félix

jueves, 8 de enero de 2009

Valle de Mifafí, Edo. Mérida



Salida desde 3.678 m.s.n.m.






Los primeros kilómetros. Contradictoriamente, nos acompañaba un "águila solitaria".







Ascenso hacia El Morro, 4.077 m.s.n.m.



video


Los verdaderos runners .


Untitled.

Condor en cautiverio. Su nombre es "Combatiente". Según nos contaron, sus crías andan sueltas por el páramo. Ojalá este proyecto siga teniendo éxito y algún día podamos ver a los reyes de los Andes volando libremente por nuestros páramos.
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Félix