viernes, 10 de septiembre de 2010

Ultra Trail du Mont Blanc 2010 (parte II)


Así que decidimos tomar la salida en esta UTMB de reposición o de consolación. Simplemente, a pesar de las circunstancias que llevaron a la cancelación de la carrera original y que apenas habíamos dormido aproximadamente una hora como el resto de los que participarían, no vinimos desde tan lejos ni entrenamos por tanto tiempo ni sacrificamos tantas cosas como para quedarnos en la comodidad de nuestro alojamiento lamentándonos por lo pasado o echándole la culpa a la organización. No es en este blog que se conseguirán las críticas a lo sucedido.

Nosotros vinimos a correr por la montaña, sea con sueño, frío, condiciones adversas o hasta en una ruta de menor kilometraje. No seríamos los únicos. De igual forma, sabíamos que no iba a ser fácil para nosotros. El año pasado sufrimos un mundo para terminar la C.C.C. con apenas poco más de hora y media sobre el tiempo límite. Y, ahora, en la forma en que se nos presentaba la prueba, el primer error después de decidir tomar la salida desde Courmayeur, Italia, sería subestimar estos 90 km.

Unas pocas de horas antes, me encontraba colgando la ropa mojada que tendríamos que usar nuevamente y buscando en el apartamento alquilado algún material que me sirviera para reparar el bastón RaidLight que se me había roto bajando en el lodo hacia St. Gervais durante la UTMB suspendida. Lo ideal hubiera sido comprar uno de esos tubitos para reparar los palos de las carpas y que seguramente abundan en los comercios de Chamonix. Pero eran ya las 4 y pico de la mañana y estaba en un apartamento alquilado de 12 m2 en el que apenas cabíamos nosotros y nuestras cosas. Finalmente, luego de algunas infructuosas pruebas, "conseguí" un par de tornillos un poco largos y con bastante tape de plomo procedí, sin muchas esperanzas, a parapetear el bastón.

La alarma parecía sonar a los pocos minutos de haberme acostado. Eran ya las 5:30 am y la convocatoria para tomar los autobuses rumbo a Courmayeur era a las 6:30 am. Mayde despierta y al pararse se percata de que la molestia en la ingle que le surgió por causa de una hiperextensión anoche durante la carrera suspendida se había intensificado. Nos vestimos y desayunamos Power Gel a falta de comida en la nevera. Salimos a caminar hacia el sitio donde estarían los autobuses. Dos puertas más allá estaba el muchacho que nos alertó sobre el mensaje de reposición de carrera, que jamás hubiéramos recibido porque habíamos comprado la tarjeta SIM a pocos días de la carrera y no notificamos a la organización del número telefónico asignado. Se despide de nosotros y nos indica que él no saldrá. Le doy las gracias por avisarnos y levantarse a esas horas sólo para despedirnos. Yo, si hubiera tomado la misma determinación que él, estuviera destruido y no quisiera saber más nada del evento. Fueron dos bonitos gestos.

Mientras caminábamos hacia los autobuses, vimos algunos otros corredores pero no era el mismo volumen, ni mucho menos el mismo ánimo, que se apreciaba la tarde anterior para la soñada salida original desde la Place du Triangle de l'Amitié de Chamonix. Nos preguntábamos si el otro venezolano, Richar Belandria, tomaría la partida también. Él se estaba hospedando a unos 20 kilómetros de Chamonix y, por comprar el celular obligatorio tardíamente igual que nosotros, se encontraba incomunicado con la organización. Nosotros tampoco teníamos forma de avisarle. Sólo quedaba esperar que se hubiera enterado de alguna forma u otra.

Los autobuses tomaron lo que parecía una eternidad para salir. El ambiente, no hay que negarlo, era totalmente sombrío. Tratamos de dormir un poquito durante el viaje, que no era tan largo. Había que cruzar el tunel del Mont Blanc desde el lado francés y bajar un poco a Courmayeur, Italia.


(En el bús a Courmayeur. ¿Déjà vu? Jamás nos hubiéramos imaginado este escenario)

La organización habilitó un comedor en el polideportivo de ese pueblo italiano. Bueno, ya estaba habilitado; iba a ser uno de los principales avituallamientos de la UTMB. Sería originalmente el km 78 y el punto en el que recibiríamos las bolsas con material y comida que habíamos entregado previamente. A razón del cambio, ya esas bolsas las recuperamos y estaban en el apartahotel y gran parte de su contenido metido a golpes dentro del morral que utilizaríamos en la reposición de la carrera. Comimos un poco y hasta conseguimos un pequeño rincón para acostarnos, en un espacio que parecía un jardín de infancia. Logramos dormir una media hora más, en el piso y al lado de una mesita Fisher Price y juguetes de Winnie the Pooh.

De ahí caminamos hacia el centro de Courmayeur. Esperamos bajo la sombra casi hasta último momento para entrar con el resto de los corredores porque el sol, prácticamente burlándose de nosotros, estaba ahora bastante fuerte. Había ya mucha gente en la línea de partida. No sabía más o menos cuánta, pero quedamos mucho más atrás que para la partida de la CCC del año pasado. Luego me enteraría que eran aproximadamente unos 1300 corredores nada más. Durante todo este tiempo e incluso durante la misma prueba jamás supe que la organización había limitado el número de participantes. Sé de muchísima gente que optó por no correr, pero hasta ahora no he leído sobre gente que se haya quedado fuera porque la segunda salida estaba full. Había muchos corredores de la TDS, prueba que originalmente iba a ser desde Courmayeur hacia Chamonix pero en el sentido contrario, es decir, sin pasar por Suiza. La salida original de esa carrera era a la medianoche anterior, pero les avisaron que no saldrían y los autobuses serían utilizados para evacuar a la gente que, como nosotros, había sido parada en St. Gervais.


Era nuestra segunda salida en unas 15 horas. Sonaba Vangelis otra vez, pero ninguno de los dos sentía emoción. Es más, yo ya estaba harto de escuchar la misma músiquita una y otra vez. Era como que si me sacaran en cara que no iba a hacer los 166km este año. Vaya iluso; apostaba tanto a esta carrera que hasta que usé las siglas y la fecha de la prueba como nombre del blog como si nada más importara. Nos fuera bien o mal en esta UTMB reanudada, el proyecto quedaría inconcluso.

Efectivamente, hasta ese momento, no sabíamos cómo sería la ruta. Yo juraba que íbamos a hacer la ruta completa de la CCC de 98k, pero conforme avanzábamos nos dimos cuenta que el terreno nos obligaba a andar mientras que el año pasado corrimos un buen trayecto al inicio. Resulta que estábamos haciendo la ruta como hubiera sido en la UTMB al salir de ese pueblo y no como la CCC. Eran menos kilómetros pero prácticamente el mismo desnivel. Sin embargo, desde Bertone en adelante, todo el recorrido sería idéntico.

Se da la salida y corrimos un poco hasta conseguirnos con una gran subida. Ya el asfalto era empinado. Había muchísimo tráfico en la fuerte subida. Nos deteníamos, avanzábamos un poco, pero no se podía pasar. En los primeros kilómetros, Mayde ya me comentaba que le dolía la ingle. Íbamos a un paso bien conservador para ir viendo cómo nos sentíamos. Lo que pasa es que, como ya de por sí somos lentos, ir a un paso suave es ir quedándose cada vez más atrás. En uno de los tantos zigzags de la subida, volteamos y vemos que no hay más de 15 ó 20 corredores detrás de nosotros. ¡Estamos realmente en la cola de la carrera!

Llegamos al Refugio Bertone y nos encargamos del avituallamiento de forma bastante rápida. Salimos hacia Bonatti y pasamos a algunos pocos en el camino. Esta parte del recorrido es preciosa, con el río abajo, el sendero bastante propicio para correr y las Grandes Jorasses a la izquierda.

En el Refugio Bonatti nuevamente entramos y salimos rápidamente. El público en la montaña es verdaderamente genial. Entre "¡Allez!", "¡Bravo!", "¡Forza!" y hasta nuestros nombres (que se ven en los dorsales en letras grandes), seguimos avanzando y mejorando los ánimos.


El recorrido hacia Arnuva es relativamente rápido y nos tomó menos de una hora. Llega un momento, igual que el año pasado, que se pone un grupo de gente atrás pero se niegan a pasar. Corremos por los senderos y bajamos al puesto de control. El señor que venía atrás de Mayde se cae por causa del barrial. Prefiero ir adelante y ver bien el camino que ponerme atrás de otros durante largos ratos sin mediar palabra.

Tomamos un poco de sopa, agarramos cambures y Coca Cola y seguimos. Venía el Gran Col Ferret y el tiempo se estaba poniendo feo. Nos paramos justo al salir del avituallamiento para ponernos las chaquetas y dejar el resto de implementos para el frío a la mano. Cruzamos un puente y comienza una empinada pero corta subida de la que no me acordaba.


Pasamos un pequeño refugio en el que el año pasado casi me meto de cabeza por el calor. Ahora el frío era tal que pasamos de largo. Luego me enteraría que hubo una diferencia en temperatura de casi 30 grados entre un año y otro (aprox. 34 grados durante la subida en '09 y unos 4 grados en la cumbre en '10) y eso que pasamos prácticamente a la misma hora en ambas oportunidades. En la CCC del 2009 me paré al menos una media docena de veces en esta subida y llegué arriba descompensado. Esta vez iba por la revancha. Sólo nos detuvimos una vez y fue para sacar los guantes y el gorro. Mayde aprovecha y saluda a la cámara.


El lodo otra vez se puso intenso conforme uno subía. Había quiénes pasaban como tractores mientras que nosotros nos resbalábamos e íbamos en la dirección que el barro nos lanzara. Finalmente llegamos arriba una media hora más rápido, o menos lento, que el año pasado. Nos recibe el granizo y no hay tiempo para fotos.

Me recordaba que en la bajada hacia La Fouly recuperamos tiempo y posiciones el año pasado. Otro gallo cantaría en esta ocasión. Mayde se sentía forzada con la molestia en la pierna y prácticamente caminábamos en la parte que se podía correr. Vemos unos ciclistas en sentido contrario empujando sus bicicletas llenas de barro. Qué alivio; hay gente más loca que uno.

Nos pasan muchísimos corredores hasta que finalmente comenzamos a trotar vía La Fouly y tocamos algo de concreto y recuperamos un poco. Me preocupa la molestia de Mayde, pero seguimos avanzando.

Llegamos al puesto de La Fouly y tenemos la grata sorpresa de conseguirnos con Josep y Roque, con quienes compartimos la emoción de la salida el día anterior desde Chamonix y la decepción de la suspensión de la carrera en St. Gervais. De hecho, había quedado en conseguirme con ellos a las 10 am del día siguiente, es decir hoy, para conversar sobre otras rutas que posiblemente haríamos cerca de Cataluña. No hubo necesidad de explicarles por qué no fuimos a verlos. Desde acá les mando un gran saludo. Moltes gràciés por tot.


(Junto a Josep en La Fouly. Foto cortesía de Roque.)

Me recordaba muy bien de lo que venía. El pueblito suizo de Praz de Fort, sus casas características y su animada gente. Pasamos una casa de madera que en frente tenía a toda la familia ofreciendo bebidas. Nos brindaron un te caliente que nos revitalizó. Más adelante, me conseguí con estos chamines que nos ofrecían agua. ¡Genial!


De ahí comenzaba el ascenso hacia Champex-Lac. A diferencia del año pasado que pasamos ya anocheciendo, se veía el pueblo a mitad de la subida. Es un ascenso corto pero que el año pasado nos tomó por sorpresa porque apenas se ve en el perfil de la ruta, pero sí requiere de unos cuantos minutos para subirlo.

Teníamos previsto hacer una parada completa en Champex. Aprovechamos y nos sentamos a comer un buen plato de pasta, después fuimos al baño uno por uno y luego aprovechamos para prepararnos bien para el frío.

Venía Bovine. Perdimos muchos puestos y tiempo en la bajada hasta el inicio del ascenso. Nuevamente, alternábamos entre correr un poco y caminar. Las molestias de Mayde no cesaban. Para muchos esta subida con nombre de vaca es posiblemente la más fuerte tanto de la UTMB como de la CCC. El año pasado no nos fue tan mal pero nos desgastamos bastante en el ascenso. Este año toda la subida fue un caudal. Pareciera que un río bajaba justo por el sendero. Subimos bien, dentro nuestras capacidades, y llegamos arriba con buenos ánimos y energía.

De Bovine a Trient, una bajada mucho más técnica que las que habíamos hecho hasta ese momento, Mayde comenzó a moverse mejor. De hecho, a pesar del barro, hicimos unos 6 minutos menos que el año pasado. Las curvas eran interminables en esta bajada. El avituallamiento no fue tan rápido como estaba previsto, pero aprovechamos para comer bien otra vez.

No me acordaba claramente de la subida de Catogne y de su descenso hacia Vallorcine tampoco. Esta subida no tiene nada de particular. El terreno no es excesivamente técnico ni el ascenso demasiado empinado. Sin embargo, no íbamos con el mismo ímpetu que en las anteriores. Es muy probable que hayamos subido un poco mejor que el año pasado, no obstante. Conforme avanzaba, me recordaba del camino y me acordaba que la bajada era relativamente sencilla.

No me equivocaba. Lo que jamás pude prever era que estuviera tan embarrada. Nos caímos varias veces, yo más que Mayde. Nos enterrábamos en el lodo. Bueno, en fin, fue un asunto desgastador e interminable. Me acordaré bien de la bajada de Catogne a Vallorcine ahora y aprendí a no subestimar este tipo de recorrido.

Llegamos a Vallorcine cansados, pero salimos de ahí en apenas 3 minutos. Hasta los momentos no habíamos cometido muchos errores. Pero en una carrera tan larga era difícil no errar y aquí nos pelamos. Salimos sin comer ni beber a afrontar la última gran subida, la Tête aux Vents. El camino hacia la base lo hicimos con bastante calma para conservar energías. Una vez ahí, comenzamos a subir a un paso constante y lo mantuvimos hasta llegar arriba.


(Comienza a salir el sol. Parte del macizo del Mont Blanc visto desde la Tête aux Vents.)

Arriba me empiezo a sentir mal. Estaba tan concentrado en no perder el paso que, de forma poco usual para mí, no comía ni bebía. Llegamos arriba, eso sí, pero yo estaba empeorando rápidamente. Mayde se puso adelante y seguimos avanzando. La bajada no comienza inmediatamente; hay que hacer un poquito de travesía y cruzar unas rocas gigantescas. Comencé a sentir mucho frío y me paro para sacar los guantes. Buscando dentro del morral, me doy cuenta de que ya los tenía puestos. Aprovecho que estoy parado e intento filmar, pero ni siquiera eso lo podía hacer bien, como se ve en el video de abajo.


Mayde me pregunta si estoy bien y, aunque a ella la oigo perfectamente, mi propia voz al responderle suena distante como si fuera otra persona hablando desde unos metros más alla. Tenía varios síntomas de hiponatremia, pero me negaba a aceptar que me fuera dar a mí. Pensaba que no hacía tanto frío y que pronto estaríamos en el avituallamiento de La Flégère. Mayde me da un par de gomitas Cliff y seguimos hasta el puesto de control. Le respondo, no obstante, de forma inusual. Le digo que todo está bien pero que ya como que me hace falta salirme de la montaña. En retrospectiva, me suena raro que yo diga eso.

A paso lento pero constante llegamos al control. Tomo una sopa caliente pero sigue el frío. Juego con el gorro y el Buff y me ajusto la chaqueta hasta que decidimos que lo mejor era seguir andando. Ya faltaba poco para que saliera el sol.

Justo saliendo de este punto hay una pequeña subida. Comienzo a ascender fuertemente y lo único que me pasaba por mi errante mente era que quería sudar. Pensaba que si comenzaba a sudar todo mejoraría, pero realmente lo que necesitaba era restituir electrolitos. No sé si la sopa hizo efecto ni si entrar a un pequeño bosque ayudó o si era que el sol calentaba un poquito más, pero me comencé a sentir mejor. Mayde se había tomado un Ibuprofeno en Vallorcine y las bajadas ya no le afectaban tanto. El descenso no fue rápido pero sí pudimos mantener un trote constante.

Entrando a Chamonix se nos pega atrás un grupo de cuatro alemanes que hace minutos estaban caminando. Les indico que pasen ya que yo quería compartir ese momento con Mayde y no estaba interesado en rematar. Así que nos rebasan pero inmediatamente bajan el paso. Ni modo. Mayde aprovecha para quitarse la chaqueta aunque yo sigo algo friolento. Saca la bandera del morral.

Las calles cercanas a la llegada están levemente menos pobladas que el año anterior, pero hay buen ambiente. Igual, la emoción es grande para nosotros. A veces las cosas no se dan como uno quiere. A veces uno hace todo lo que está a su alcance pero hay circunstancias que están fuera del control de uno. Nos ha pasado con un plan de vida que se nos quedó en el limbo y nos pasaba ahora con los 166 km de la UTMB.

A pesar de todo, es imposible para mí no emocionarme al llegar a Chamonix. Es algo gigantescamente intenso. Esos últimos metros. Esa línea de llegada. Pasa mucho por la mente en esos breves instantes. Parezco un cadáver, lleno de barro y con el cansancio reflejado en el rostro, pero es uno de los momentos en los que más vivo me he sentido.

Mayde a mi lado, como siempre. Fuerte, perseverante y llena de profundas emociones. Me inspira, me motiva y me ayuda a ser mejor persona. Es así tanto en el deporte como en el día a día. Soy tremendamente afortunado.

Cruzamos la meta de este Ultra Trail du Mont Blanc, juntos. ¿Habrá la oportunidad de intentarlo nuevamente? ¿De hacer la totalidad del recorrido? Sinceramente, no lo sé. Me gustaría pensar que sí. Sin embargo, hay muchos planes que hemos venido postergando para poder perseguir este caprichoso sueño y es hora de seguir avanzando. Quedan kilómetros por recorrer y aventuras por vivir y no necesariamente dentro del ámbito deportivo.

Como el bastón que se ve en la foto abajo, el cual funcionó a la perfección, me siento remendado. Como dice Mayde, andamos enguayabados. Hay días que siento que somos finishers y hay días en los que siento que quedó tarea pendiente. Vamos a ver cómo van presentándose las cosas aunque no soy uno de los que cree que el destino se traza solo.


El plan, por los momentos, será seguir activos. La lesión de Mayde no pasó a mayores y yo bajaré el volumen hasta que se desaparezca por completo la fascitis plantar. En enero nos preinscribiremos para la UTMB de 2011. Si no interviene con nuestros proyectos personales desengavetados y si salimos en el sorteo, pues allá estaremos nuevamente y todo el que siga este blog, al cual se le pasó su fecha de vencimiento pero que mantendré vivo y cuyo nombre no pienso cambiar, nuevamente será cómplice.

¡Nos vemos en la montaña!

Félix

8 comentarios:

Isidro García dijo...

Emocionante amigo mío, son una pareja perfecta, en el deporte y en la vida. Un abrazo a ambos.

depiedraenpiedra dijo...

Enhorabuena muchachos.
El año que viene será lo que tenga que ser, espero que los planes deportivos, y los vitales, vayan saliendo bien, poco a poco.

Encantada de conoceros, seguiré visitando el blog.

Jesús Agudo dijo...

Hola, Félix y Mayden. Enhorabuena por el éxito en esta aventura. Soy Jesús Agudo, uno de los catalanes que coincidimos con vosotros en las primeras subidas después de salir de Courmayeur. Os he reconocido inmediatamente en las fotos.
Fantástico tu reportaje y vuestro coraje, sobretodo viniendo de tan lejos. Yo también me he quedado con la sensación de no haber completado este sueño, y quizá volvamos a encontrarnos otro año, para intentar realizar el recorrido completo.
Un abrazo

Félix dijo...

Isidro,
Gracias por esas bonitas palabras. ¡Un fuerte abrazo de nuestra parte!

Nerea,
¡Qué gusto conocerte, pero en qué malas condiciones! Me encanta tu blog, pero nunca sé qué comentar. Seguimos en contacto.

Jesús,
Igualmente, enhorabuena para ti y tu grupo. Me acuerdo de que conversamos un poco durante esa primera subida. Gracias por visitar el blog. Después de ver todo lo que pasó en frío, cada día me dan más ganas de volver. Es una experiencia sin igual. Un saludo.

mayayo dijo...

Enhorabuena de nuevo Felix y Mayde!

En mi tierra decimos: "Hemos traído alpargatas pa´ romperlas aquí"
Tu lo has expresado como: "Nosotros vinimos a correr por la montaña, sea con sueño, frío, condiciones adversas o hasta en una ruta de menor kilometraje."

Creo que habeis demostrado un coraje y una fuerza descomunales superando un obstáculo tras otro, y cruzando por fin esa meta de nuevo. Bravo!!

Solo espero que en Agosto del 2011 nos sonría a todos el sol y podamos compartir unas cuantas/muchas cervezas (Stella, no?) en la Plaza de la Amité. Mientras comentamos los 166km que acabamos terminar todos. ;-)

Emilio dijo...

Magnífica crónica Félix.
me alegra escuchar que este blog amigo no cesa en su actividad y el sueño de hacer la UTMB para el 2011. Espero igualmente que los proyectos y sueños personales también se cumplan, os lo merecéis.
Para mi esposa y para mí fue todo un placer conocérnos y compartir con vosotros la velada de Dawa.
Espero que las t-shirts de "Bovine" os estén bien, si no es así, dímelo y te mando otras. Como te dije me encantaría ver una fotillo vuestra en el blog con ellas puestas.
un abrazo y nos vemos el año que viene en Chamonix.

Félix dijo...

Mayayo,
¿Puedes creer que todavía no conozco la Stella? En Chamo, mi bebida predilecta de la región es la Kronnenberg, pero de verdad aprovecho para tomar mucha Guiness que acá en Ven ya no se consiguen.
Entonces será allá en la plaza con la compañía de finishers como tú que me tome la primera, ¡con las alpargatas ya bien pero bien rotas!. Saludos.

Emilio,
Ya están las fotos con la camiseta. Es fenomenal y la seguiré usando. Muchas gracias. Saludos a Rosario.

REINALDO ANTONIO dijo...

Wuaaaohhh!!!! Yo no habia tenido la oportunidad de leer lo rudo que fue el "Ultra Trail du Mont Blanc 2010" para ti Felix y May,hay frases y comentarios claves que (a mi particularmente) me llenan de animo,alegria ganas y me permiten seguir soñando en cosas que quiero hacer!!!!!
Una de esas cosas ya la hice (El Avila Sky Race) el cual no pude compartir con ustedes en la llegada ya que llegue algunas horas despues y totalmente destruido pero super contento porque logre mi objetivo (terminar mi primer Avila Race sin que me descalificaran!!!).
Siguen siendo mi INSPIRACION!!!!